En el mundo del Arte Dramático existen varios ingredientes con los que cada actor juega y experimenta en su cocina privada, para alimentar más tarde al público hambriento en ese gran plato que llamamos teatro...
Mostrando entradas con la etiqueta Monólogos chicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monólogos chicos. Mostrar todas las entradas

Monólogo personaje masculino X

Miguel Mihura. "Ninette y un señor de Murcia" (Comedia)
ANDRÉS.- ¿Amaba yo a Ninette o no la amaba? Mejor dicho, ¿lo estaba pasando bien con ella, o no? Hay que reconocer que si con ella no lo estaba pasando bien es que decididamente era tonto, ya que el sueño de toda mi vida se estaba realizando punto por punto. ¿Por qué, entonces, estaba yo de tan mal humos? ¿Acaso porque este plan no se lo podía contar a nadie, o tal vez, porque no podía salir a la calle y ver Paris? Indudablemente este asunto de las mujeres es muy complicado y resulta que cuando uno analiza su caso y está convencido de que, científicamente, lo está pasando la mar de bien, la verdad es que no lo está uno pasando tan bien como parece y que toda esta aventura me estaba ya hartando. Y, sin embargo, cuando Ninette salió y desde la ventana vi cómo se reunía con René y después de cambiar unas palabras cruzaba la calle y se metían en el bar de enfrente, me quedé un poco triste. Y me entristecí mucho más cuando pasaron diez minutos y después quince, y después veinte y ninguno de los dos salían de aquel endemoniado café, del que llegaba a mis oídos una musiquilla de acordeón. O sea, que cuando ella estaba conmigo, me sentía atado y nervioso. Pero ahora que se había marchado con su antiguo novio, no sólo la echaba de menos, sino que tenía unos celos espantosos. Y en este estado de ánimo, más bien confuso, fue cuando se le ocurrió venir a mi amigo Armando, tan oportuno como siempre. Y que además me empezó a hablar en un tono que no me gustó nada. Así es, que habían llamado a la puerta, y que yo fui a abrir.

Monólogo personaje masculino IX

Molière. "El Avaro" (Comedia)
HARPAGÓN.- (Gritando desde el jardín y sin sombrero) ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! ¡Al asesino! ¡Al criminal! ¡Justicia, justo cielo! ¡Estoy perdido!
¡Asesinado! ¡Me han cortado el cuello! ¡Me han robado mi dinero! ¿Quién habrá podido ser? ¿Dónde habrá ido a parar? ¿Dónde está? ¿Dónde se esconde? ¿Cómo haré para encontrarlo? ¿Adónde ir...? ¿Adónde no ir...? ¿No está ahí? ¿Quién va...? ¡Detente! ¡Devuélveme mi dinero, bandido...! (A sí mismo, agarrándose el brazo.) ¡Ah, soy yo! Mi espíritu está trastornado; no sé dónde me encuentro, ni quién soy, ni lo que hago. ¡Ay! ¡Mi pobre dinero! ¡Mi más querido amigo! Al privarme de ti, al arrebatárteme, he perdido mi sostén, mi consuelo, mi alegría; se ha acabado todo para mí, y ya no tengo nada que hacer en el mundo. Sin ti, me es imposible vivir. Se acabó, no puedo más; me muero... Estoy muerto; estoy enterrado... ¿No hay nadie que quiera resucitarme, devolviéndomelo, o diciéndome quién me lo ha robado? ¡Eh! ¿Qué decís? No hay nadie. Quizá el autor del golpe habrá acechado el momento con mucho cuidado, y ha escogido precisamente el momento que yo hablaba con el traidor de mi hijo... Salgamos. Voy a buscar a la justicia, y haré que den tormento a todos los de mi casa; a sirvientas, a criadas, al hijo, a la hija, y, si es preciso, también a mí. ¡Cuánta gente reunida! No pongo la vista en nadie que no despierte mis sospechas, y todos me parecen el ladrón. ¡Eh! ¿De qué se habla ahí? ¿Del que me ha robado? ¿Qué ruido hacen arriba? ¿Está ahí el ladrón? Por favor, si alguien sabe noticias de mi ladrón, suplico que me informen. ¿No está escondido entre vosotros? Todos me miran y se ríen. Ya veréis como tomaron parte ,a no dudarlo, en el robo de que he sido víctima. ¡A mí comisario, alguaciles, prebostes, jueces, tormentos, horcas, verdugos...! Quiero colgar a todo el mundo, y si no encuentro mi dinero, me ahorcaré yo después.

Monólogo personaje masculino VIII

Antón Chéjov. "La petición de mano" (Comedia)
LOMOV.- Brrr... Hace frio... Estoy temblando como ante un examen. Lo principal es decidirse, porque si uno piensa mucho, vacila, habla mucho, y espera su ideal, su verdadero amor, entonces no te casas nunca... Brrr!... ¡Hace frio! Natalia Stepánovna es una excelente ama de casa, no es fea, es instruida... Entonces, ¿Qué más necesito? Sin embargo, de los nervios, ya empiezan a zumbarme los oídos... Pero debo casarme. En primer lugar, ya tengo treinta y cinco años, la edad, por así decirlo, crítica... En segundo lugar, necesito una vida regular y ordenada. Estoy enfermo del corazón, tengo palpitaciones. Soy irascible, y siempre estoy muy irritado... Ahora, por ejemplo, me tiemblan los labios y siento un tic nervioso en la sien derecha. Pero lo que más me horroriza es el sueño; apenas me acuesto en la cama, apenas comienzo a adormecerme, de repente algo en el costado izquierdo... ¡zas! Un tirón; derecho al hombro y a la cabeza... Salto como un loco, paseo un poquito y me acuesto otra vez; pero, ni bien comienzo a adormecerme, en el costado otra vez... ¡zas! Y así como veinte veces.

Monólogo personaje masculino VII

William Shakespeare. "El sueño de una noche de verano" (Comedia)
PUCK.- Mi señora está enamorada de un monstruo. Mientras cerca de su retiro sagrado y solitario pasaba la hora de su lánguido sueño, ha llegado una compañía de cómicos imbéciles, de groseros artesanos que trabajan para ganarse la vida en las tiendas de Atenas. Venían a ensayar una pieza que debe representarse el día de las bodas del insigne Teseo. El más necio de la estúpida cuadrilla, encargado del papel de Píramo, ha salido de escena y ha entrado en un matorral. Yo he aprovechado el momento para encasquetarle una cabeza de asno. Al tocarle el turno de volver a escena para contestar a Tisbe, mi actor ha salido. Apenas le han visto los demás, cuando han huido, semejantes el ánade silvestre que ha encontrado el ojo del cazador en acecho o a una bandada de chovas rojizas al escuchar la detonación del mosquete, que ora bajan, ora alzan el vuelo, y de pronto se dispersan y hienden los campos del aire con precipitado aleteo. Al ruido de mis pasos, cae de vez en cuando uno por tierra, gritando que lo asesinan y pidiendo socorro a Atenas. En su turbación, sus insensatos terrores se forjaron un enemigo de cada objeto inanimado. Los abrojos y espinas desgarraban sus vestidos: a éste la manga; a aquel el sombrero, que se apresuraban a abandonar. Mientras los cazaba de este modo, había dejado en la escena al lindo Píramo en su metamorfosis, cuando Titania ha despertado y en seguida se ha enamorado de un jumento.

Monólogo personaje masculino VI

Tirso de Molina. "La venganza de Tamar"(Drama)
ABSALÓN.-
¿Que una razón no le dijo
en señal de sus enojos? 
¿Ni un severo mirar de ojos? 
Hija es Tamar, si él es hijo. 
Mas no importa, que ya elijo 
la justa satisfacción
que a mi padre la pasión 
de amor ciega, pues no ve. 
Con su muerte cumpliré 
su justicia y mi ambición. 
No es bien que reine en el mundo 
quien no reina en su apetito. 
En mi dicha y su delito 
todo mi derecho fundo. 
Hijo soy del rey segundo; 
ya por sus culpas primero. 
Hablar a mi padre quiero
y del sueño despertarle
con quien ha podido hechizarle 
amor siempre lisonjero. 
Aquí está, ¿pero qué es esto?
(Tira una cortina, y descubre un bufete, y sobre él una fuente, y en ella una corona de rey)
¿La corona en una fuente 
con que ciñe la real frente 
mi padre grave y compuesto? 
La mesa el plato me ha puesto 
que ha tanto que he deseado. 
Debo de ser convidado; 
si el reinar es tan sabroso 
como afirma el ambicioso, 
no es de perder tal bocado. 
Amón no os ha de gozar 
cerco en quien mi dicha encierro, 
que sois vos de oro, y fue yerro 
el que deshonró a Tamar. 
Mi cabeza quiero honrar 
con vuestro círculo bello. 
Mas rehusaréis el hacello, 
pues aunque en ella os encumbre, 
temblaréis de que os deslumbre 
el oro de mi cabello.
(Corónase)
Bien me estáis; vendréisme así 
nacida, y no digo mal, 
pues nací de sangre real, 
y vos nacéis para mí.
¿Os sabré yo merecer? Sí. 
¿Y conservaros? También. 
¿Quién hay en Jerusalén 
que lo estorbe? ¿Amón? Matarlo. 
¿Mi padre que ha de vengarlo? 
Matar a mi padre.

Monólogo personaje masculino V

Arthur Miller. "Todos eran mis hijos" (Drama)

CHRIS.- "Hace falta tiempo para que eso se vaya. Porque eran simplemente hombres. Por ejemplo, hubo una vez que llovió durante varios días y aquel muchacho se me acercó y me entregó el único par de calcetines secos que tenía. Me los puse en el bolsillo. Es un detalle de nada, si quieres, pero así eran los hombres que mandaba. No morían; se mataban defendiendo a sus compañeros. Eso es exactamente; con un poco más de egoísmo, estarían aquí. Y, al verlos caer, tuve una idea. Todo estaba siendo destruido, ¿sabes?, pero me parecía que se estaba construyendo algo nuevo. Una especie de... responsabilidad. Hombre por hombre. ¿Me comprendes? Mostrar eso, traerlo a la tierra como una especie de monumento que cada cual lo sientiera detrás... Eso supondría para cada cual una diferencia. Y, luego, volví a casa y resultaba increíble. Yo... Bien, aquí aquello no tenía sentido; todo parecía... un simple accidente de autobús. Comencé a trabajar con papá. Era otra vez la carrera de ratas. Me sentí... como tú has dicho... avergonzado en cierto modo. Porque nadie había cambiado. Parecía que convertíamos en unos tontos a una serie de hombres magníficos. Tenía remordimientos de estar vivo, de abrir la libreta de cheques, de conducir el nuevo coche, de contemplar la nueva nevera. Es decir, cabe sacar esas cosas de una guerra, pero, cuando conduces ese coche, tienes que pensar que procede del amor que un hombre puede sentir por su semejante y tienes que ser, precisamente por eso, mejor de lo que eres. De otro modo, lo que posees es simplemente botín y está manchado de sangre. No quería tocar nada de eso. Y en eso, comprendo que estabas incluida tú."

Monólogo personaje masculino IV

Tennessee Williams. "El Zoo de cristal" (Drama)
JIM.- "Me alegra ver que tiene sentido del humor. ¿Usted sabe... que es distinta de todas las muchachas que he conocido? ¿Le molesta que se lo diga? Hablo en serio. Me siento algo asi como... ¡No sé cómo decirlo! Generalmente expreso bastante bien las cosas, pero... ¡esto es algo inexplicable! ¿Le dijo alguna vez alguien que era linda? ¡Pues lo es! Y de un modo distinto de todas las demás. Y más linda, precisamente, a causa de la diferencia. Oh, ojalá fuese usted mi hermana. Yo le enseñaría a confiar en sí misma. Uno no tiene porque avergonzarse de ser distinto. Porque los demás no son tan maravillosos. Son centenares de miles. ¡Y usted es única! Ellos caminan por toda la tierra. Y usted, se queda aquí. Son vulgares como... la cizaña, pero... usted... bueno; usted... ¡es Blue Roses!...
En todos los sentidos... Sus ojos... su cabello... ¡Sus manos son lindas! Ustedes creerán que lo digo porque ustedes me han invitado a cenar y tengo que ser amable. ¡Oh, podría serlo! Podría decir muchas cosas sin ser sincero. ¡Pero le hablo con sinceridad! He notado que usted tiene ese complejo de inferioridad que le impide sentirse a sus anchas con la gente. Alguien debe infundirle confianza en sí misma... y tornarla orgullosa en vez de tímida y evitar que vuelva la espalda a cada momento y... se sonroje."

Monólogo personaje masculino III

William Shakespeare. "Hamlet" (Drama)
HAMLET.- "Oh, qué esta sólida, demasiado sólida carne, pudiera derretirse, deshacerse y disolverse en rocío! ¡O que no hubiese fijado el Eterno su ley contra el suicidio! ¡Oh, Dios! ¡Qué fastidiosas, rancias, vanas e inútiles me parecen las prácticas todas de este mundo! ¡Vergüenza de ello! ¡Ah! ¡Vergüenza! Es un jardín de malas hierbas sin escardar, que crece para semilla; productos de naturaleza grosera y amarga lo ocupan continuamente... ¡Qué se haya llegado a esto! ¡Sólo dos meses muerto!... ¡No, no tanto; ni dos! ¡Un Rey tan excelente que comparado con éste era lo que Hiperión a un sátiro! ¡Tan afectuoso para con mi madre, que no hubiera permitido que las auras celestiales rozaran con demasiada violencia su rostro! ¡Cielos y tierra! ¿Habrá que recordarlo? ¡Cómo! ¡Ella, que se colgaba de él, como si su ansia de apetitos acrecentara lo que los nutría! Y, sin embargo, al cabo de un mes... ¡No quiero pensar en ello! ¡Fragilidad, tienes nombre de mujer!... ¡Un mes apenas, antes de estropearse los zapatos con que siguió el cuerpo de mi pobre padre como Niobe arrasada en lágrimas; ella, si, ella misma, ¡oh Dios, una bestia incapaz de raciocinio hubiera sentido un dolor más duradero!, casada con mi tío, con el hermano de mi padre, aunque no más parecido que yo a Hércules!... ¡Al cabo de un mes!... Aún antes que la sal de sus pérfidas lágrimas abandonara el flujo de sus irritados ojos, desposada! ¡Oh, ligereza más que infame, correr con tal premura al tálamo incestuoso. Esto no es bueno, ni puede acabar bien. Pero, ¡rómpete, corazón, pues debo refrenar la lengua!"

Monólogo personaje masculino II


Calderón de la Barca. "La vida es sueño" (Drama)
SEGISMUNDO.-
"Es verdad; pues reprimamos

esta fiera condición,
esta furia, esta ambición
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso que recibe
prestado, en el viento escribe,
en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!)
que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende;
y el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión.
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."

Monólogo personaje masculino I

William Shakespeare. "Hamlet" (Drama)
HAMLET.- "Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir... nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne... Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir... quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, pero el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción."